
Juan Bautista pirdió con los aceros el beneficio de sus dos faenas. La primera realizada a un buen toro que no duró le permitió demostrar todo su temple, profundidad y carisma. Con el exigente segundo de 5 años y 10 meses, Juan Bautista se pegó un arrimón con técnica y determinación. A pesar de un pinchazo después de cada una de sus faenas, el público cordobés no se equivocó y le ovacionó calurosamente.
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